Tengo varias visitas a la capital del Reino de España. Siempre sorprende, no apabulla como Manhattan, pero es una ciudad que evoluciona, donde sus calles son vasos sanguíneos de un ser con alta presión.

Dicen que el Rey Felipe II, en el 1561, eligió constituir una sede del reino lejos de todo y en el centro del territorio. Era un lugar apto, al borde del Rio Manzanares, cruce de caminos para el norte y el sur, el este y el oeste, y lejos del poder de la Iglesia, que tenia su centro ubicado en Toledo. De hecho, Madrid no tuvo Catedral hasta principios de los 90’s, cuando se inaugura la Catedral de la Almudena, a continuación del Palacio Real.

La zona de Calle de Alcalá está en plena refacción. La tradicional Plaza de España está vallada también para su refacción.

Peatonalizarán la Plaza del Sol, para así permitir la actividad de Peppa Pig, Súper Mario, Mickey Mouse y Oso Panda con acentos latinoamericanos…y también de los turistas y locales que conectan con los trenes de Cercanías.

El aeropuerto sigue expandiendo sus tentáculos.

La excelente red del Metro te acerca donde se te ocurra, combinado con los trenes de Cercanía que te llevan a localidades de 50/70 km de distancia de la Puerta del Sol, kilómetro cero de las rutas españolas.

La oferta hotelera presenta en la Gran Vía la presencia de Iberostar, Barceló, Riu, Hyatt, NH Collection y cerca de El Prado un palacio, el Hotel Ritz, está siendo reciclado para Mandarin Hotels. Algunos de los nombrados no tenían hoteles en destinos urbanos. La propuesta de marcas millenials también hace su aporte en el segmento de cuatro estrellas de business. La oferta de cuatro y cinco estrellas está robusteciéndose. Rusos, italianos, ingleses y colombianos dominan todas las calles turísticas.

Otro fenómeno son los terrace bars, o bares en las terrazas…En algunos de ellos hay colas importantes en las calles, y se cobra una entrada a ser redimida contra la consumición.


No hay que perderse los churros con chocolate caliente de San Ginés. Yo paso de las harinas, pero es un hito probarlos.

La magnificencia del Estadio Metropolitano, sponsoreado por el socio de Atlético de Madrid, Wanda, es un nuevo hito en la propuesta de Madriz.

Un capitulo aparte merece la experiencia de asistir a un partido de Champions en ese estadio. Existen rodeando el edificio food trucks y chiringuitos con propuestas simples de comida y cerveza. Hay inclusive dos o tres puntos donde ofrecen cocktails como gin tonic, cubatas (cola con Ron) y otros. Es común ver a la gente portando bocadillos (sándwiches) desde su casa para alimentarse durante el partido…Escuchar cantos con melodías argentinas, para alentar al Aleti es poco común. La hinchada es comandada por un tío (tipo) que de espaldas al campo y portando un micrófono propone cantos y gritos…todo muy pautado. Se distribuyen las pequeñas banderas de color blanco y rojo, y otras con escudos de peñas particulares en movimientos ajedrecísticos. La capacidad de absorción de pasajeros del Metro al finalizar el partido es asombrosa. Tres andenes ofrecen trenes que arrancan su recorrido desde la estación del estadio y en pocos minutos los miles de asistentes desaparecen, distribuyéndose en la eficiente red del subterráneo.

La gastronomía sigue siendo un must en esta ciudad. Los menús de mediodía de lunes a viernes, y en algunos restaurantes también los fines de semana, fluctúan entre los diez y dieciséis euros, con entrada, plato principal, postre y una bebida. Ni que hablar, ya que no se habla con la boca llena, del jamón de bellota, una exquisitez que los vegetarianos se pierden.

La tradición de ir de copas es a todas horas, no existiendo manzana donde no exista un bar. Eso si: después de las 23 hs empieza a ser una aventura difícil enfrentar una cena.

Los museos requieren de mucho tiempo y atención, de otro modo no valen la pena. El Prado, Reina Sofia y Thyssen son relicarios de la más delicada expresión humana canalizada en el arte y presentado de manera brillante y concentrado en las obras.

Las distancias entre los puntos de interés invitan a caminar, dejándose sorprender por los edificios y restaurantes y bares singulares que el recorrido ofrece, mimetizándose con el estilo de vida madrileño: siempre de fiesta. Encontrar miles de turistas chinos de toda edad y situación, tanto en parejas como en innumerables e inidentificables grupos circulando por la Gran Via dejó de ser una experiencia exótica.

En síntesis: vivir Madriz te deja una sensación en la piel: «estás en casa».

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