Un importante consultor de empresas galés, Dave Snowden, conceptualiza el contexto actual de toma de decisiones como caos. Este entorno caótico requiere de los directivos respuestas claras, asertivas que permitan ir marcando pequeños pasos hacia el cuadrante de la complejidad, siendo éste un territorio algo mas transitado que el actual.
El caos desde una óptica se puede definir como una concatenación aparentemente desordenada de una serie de sucesos de forma cronológica, que puede provocar una serie de resultados caóticamente previsibles.
El Universo se rige bajo pautas o leyes caóticamente ordenadas.
La teoría de toma de decisiones se esfuerza en modelar estos entornos, a fin de lograr disminuir la incertidumbre.
Nuestra concepción generalizada de un contexto caótico es desordenada, porque no comprendemos los patrones de orden de lo observado, no porque no lo tenga.
Los griegos entendían el CAOS, desde su mitología, como el vacío existente previamente a la creación del universo. Podríamos decir que el caos es el instante previo a la creación.
Aquí podríamos empezar a desbrozar el criterio o analizar dicho proceso.
Existe en la toma de decisiones un sujeto decididor, un contexto, un estimulo externo o problema a solucionar que exige un output o producto, que será la decisión.
Hay cientos de libros acerca de cómo tomar la mejor decisión, minimizando los riesgos, la incertidumbre, optimizando el resultado.
En general, toda esa cosmología de la decisión olvida uno de los elementos en juego: el decididor, la persona o grupo de personas que tiene la función de decidir.
Mi propuesta aquí es focalizar en quien decide. ¿Cuál es la situación personal del mismo?
Es fundamental en el sujeto tener un amplio autoconocimiento para poder conocer su propio proceso decisorio interno. Identificar sus miedos, sus impulsos naturales, su sesgo en la observación. Conocer sus demonios internos, sus mecanismos de autoboicot, sus preferencias. Todos estos factores son ingredientes básicos de las decisiones que a nivel personal y profesional cada uno de nosotros pone en la mezcladora mental a nivel inconsciente.
Herramientas como el Eneagrama ayudan a conocer la personalidad, entendiendo a ésta como el andamiaje inconsciente que el ego me provee para enfrentar al mundo desde mi miedo prevalente. Éstos pueden ser: temor a no ser reconocido, a sufrir, a
equivocarse, a entrar en conflicto, a perder lo que soy o tengo, a mostrarme vulnerable, entre los nueve tipificados por la ancestral herramienta heredadas de los maestros sufís.
La incertidumbre dispara las alarmas de nuestra mente. Esta es nuestra herramienta biológica para lograr nuestra supervivencia.
No saber qué sigue o no conocer el desafío imperante, se interpreta en la mente como PELIGRO. Esta situación dispara situaciones como angustia, stress, pánico.
Entonces la mente elabora estrategias para encontrar certezas, y ahorrar energías.
- ASOCIA circunstancias similares, simplificando el cuadro.
- CREA una realidad personal, individual. Seguramente diferente a la realidad colectiva.
- SE AISLA en creencias o dogmas conocidos.
Este sistema de creencias nos ha provocado un aislamiento real. Otra cuarentena mucho más prolongada en el tiempo que la actual.
El materialismo intelectual nos ha impulsado a no cambiar creencias, estar aferrado a dogmas. Ser guardianes del statu quo. “ésto ha sido así”, al menos en mi familia, barrio, país.
La incertidumbre nos empuja a abrir el espíritu a nueva información, aún si desafía nuestro sistema de creencias, sobretodo si lo desafía.
Reconocer nuestra ignorancia abre espacio a nutrirse de una nueva mirada.
Hoy más que nunca necesitamos de manera evidente: Inmunidad física, espiritual y psíquica.
Las certezas que estamos buscando como agua en el desierto, solo están en nuestro interior, nuestra esencia, y están ahora, en este presente.
“El presente es ese espacio temporal fugaz en que aparece el futuro con toda su incertidumbre y el pasado con toda su certeza, pero nunca tan cierto como este presente fugaz”, dice Claudia Noseda en su libro Antiestrategias.
Otra capacidad a desarrollar es la aceptación a la situación dada. Aceptar no es resignarse, sino reconocer la realidad y no pelearse con ella, ni enrollarse en inútiles cabildeos monológicos. Conectar con el instante presente, allí donde solamente puedo actuar. En esa aceptación aparece la confianza ante la incertidumbre.
Escuché una frase que me está guiando estos días: “Relájate. Nada está bajo control”.
Propongo entonces ahondar en nuestro ser, conocernos mejor, hacer consciente lo inconsciente, y así tomaremos mejores decisiones personales y profesionales. Lo sabremos si el resultado es la paz interior. Habremos avanzado en el ineludible proceso de integrarnos en nuestros roles, y de esa manera sufrir menos.




