Los sueños existen. ¿Y si están es para algo? Recordarlos es toda una tarea, olvidarlos es una trampa que nos tiende la mente cuando toma el control, generalmente durante buena parte del día. Pero no de la noche. Allí la mente pierde su reinado. Por eso pelea por la recuperación. Nos evita que exploremos territorios nuevos, extraños, diferentes, soñados. No nos quiere exponer a patrones no registrados en su archivo estrecho. Pero insisto: alguna función tiene los sueños, están para algo. Hay que investigar.
1. No pueden ser los sueños productores de basura mental que el proceso nocturno de regeneración celular produce de todas las formas y colores. Esos residuos no pueden ser simplemente barridos y expulsados de nuestra experiencia consciente, sin más utilidad. Algo nos quieren decir, algo nuestro inconsciente nos exhibe para ser aplicado, aprovechado. Quizás nos muestre, de manera simbólica alguna salida a un conflicto del mundo consciente, nos propone un camino de solución a un dilema sin resolver, hasta de manera casi metafísica
2. Los sueños exigen que no nos durmamos en su contemplación: son importantes, y ocupan una buena parte de nuestro tiempo mortal, aunque sea una fracción de segundo. Nos impactan profundamente, como el momento de nuestra no vigilia cuando se producen.
3 .Los pájaros cantan desde el silencio, algo nos dicen si les prestamos atención. Desde la quietud de la noche, nuestra actividad onírica nos musita al oído. Nos lleva de la mano a reencontrarnos con seres muy queridos, a encontrarnos en medio de reuniones disparatadas por los orígenes e intereses de sus integrantes. Nos hace atravesar llanuras, restricciones cronológicas, nos hace sentir físicamente emociones de hechos que no transcurren allí donde se posan nuestros cuerpos yacentes. Se producen diálogos entre nosotros y otros nosotros, casi como en espejos enfrentados, donde de manera mágica (se crea realidad) al instante las imágenes se multiplican hasta un numero vecino al infinito, el recordado ocho recostado, por su eternidad.
Lo que no tengo claro (u oscuro) todavía, es si soñamos en blanco y negro, o a todo color. Inclusive podría afirmar que los olores y texturas no forman parte del menú de propiedades de las imágenes participantes. Pero me huele que no estoy seguro.
Hay veces que algún sueño nos confunda el reconocimiento de qué es vigilia y qué ensoñación. Y al principio del despertar, pongamos todo nuestro empeño en continuar con la historia que vaya a saber qué, interrumpió amargamente.
4. Me pregunto ahora qué vinculación, más allá de las figuras poéticas existe entre los sueños y la luna. ¿Estás en la luna, nos decían cuando nos veían fuera de la realidad? ¿En la luna de Valencia, quizás pensando en paellas? Inclusive aquellos que no conservan su equilibrio emocional y psicológico, se los cataloga de lunáticos. Si al periodo irreal y soñado luego del casamiento, le han agregado miel al satélite que merodea insistente y rítmicamente nuestro planeta. ¿Soñar es de locos? Creo que la mente necesita un poco de “locura”, pintar fuera de las siluetas, para escaparnos de la frecuente locura a la que la vigilia nos agasaja.
Buena noticia: las pesadillas siempre terminan bien, como las viejas películas de amor. Ellas terminan con nuestro despertar, sintiendo un gran alivio, si aún permanecen los remezones de las emociones alteradas. Yo creo que las pesadillas son un entrenamiento programado para enfrentar las dificultades de la experiencia diaria.
5. Yo soy de soñar todas las noches, aunque pocas veces recuerdo de qué se trataba la historia. Muchas veces mi padre ya fallecido me acompaña en esas aventuras o viajes. Eso me recuerda que lo extraño, y me confirma que me acompaña. Suelo encontrarme de nuevo en actividades que debía terminar o perfeccionar. Pero casi indefectiblemente los recuerdos oníricos se disuelven como cenizas arrojadas al mar.
6. El ámbito donde la humanidad organizada en husos horarios se reúne, sin distanciamiento social ni sospechosa promiscuidad, es el ámbito de los sueños. Allí se retroalimenta el inconsciente colectivo, del que tanto hablaba Carl Gustav Jung. Por eso sabemos tantas cosas que no sabíamos.
7. Estoy seguro que para estar bien despierto, tengo que prestar atención a lo que sueño. Tengo el firme propósito de empezar a registrarlos. Estaré despierto cuando irrumpan en mi sueño para hacerles una selfie conmigo y ellos detrás. No se me van a escapar otra vez.




