Sepan disculpar el término en el título, pero estoy seguro que amerita el exabrupto si logro llamar la atención hacia la reflexión que intentaré ensayar. Además, sólo reproduzco una de las expresiones más citadas durante todo este tiempo. Espero que podamos pensar juntos qué nos pasó este año.Se me cambió de repente el escenario. Se corrió el telón de fondo, y perdí algunas libertades como el desplazamiento físico. De go
lpe, la casa se llenó de gente, que convivía conmigo, pero nos veíamos de tanto en tanto. Se me llenó el cuerpo de miedo por mí y por mis familiares y amigos que poseen algún factor de riesgo. Las noticias empezaron a mostrar cadáveres en las calles, números de muertos que acumulaban dia a dia. Esperamos sin suerte el pico de la curva, con la expectativa que toda esta pesadilla pase pronto. Descubrimos que la frase “a ciencia cierta” era una contradicción, ya que la ciencia no tenia certeza acerca de esta nueva pandemia. Algunos sufrimos pérdida de ingresos económicos 
Ahora estoy en el borde del fin de este periodo numerado como 2020. Voy a mirar un poco por dónde transcurrió mi existencia.
Recorrí algunos tramos subidos a una montaña rusa emocional, me observé teniendo miedo, desesperanza, dudas, ilusiones. Me habían enseñado a no tener estas emociones feas, sin embargo, las observé y obtuve información acerca de mí.
Tuve más silencio, y eso me empujó a escucharme. Los tiempos se hicieron más largos, por lo que pude estar más presente, pude contemplar las estrellas, reconocer a Marte en mi jardín, admirar la danza de los astros en un eclipse, en la conjunción de Saturno y Júpiter.
Aprendí a usar Zoom, y Meet y Teams. Me animé a leer sobre física cuántica, y tuve tiempo para leer muchos libros. Se me exacerbó la necesidad de aprender. La incertidumbre circundante me ayudó a buscar nuevas respuestas.
Este tiempo me propuso ser más flexible, con nuevas formas de hacer lo mismo, con aceptar que mis planes se hicieron imposibles, como viajes esperados. Darme cuenta que la naturaleza sigue con su ritmo de manera casi indiferente.
Descubrí que la salud es un tema de todos los días: que al sistema inmune que nos protege se lo lubrica con un buen descanso diario, con una nutrición sana, también de información buena, con respetarnos momentos de introspección, sea en cualquier lugar que sea.
Me di cuenta que la felicidad depende de mi actitud ante el contexto, y no que algo desde afuera me dé aquello de lo que creo carezco.
Observando al mundo todo, rescato que somos más resilientes que lo que creemos. Que aquello que descubrí de mis viajes acerca que la gente se adapta a todo contexto geográfico, climático, cultural y político aplica también para una pandemia. Que la vida nos empuja con su fuerza arrolladora a ser plásticos y adaptarnos. Que los cambios deseados hay que provocarlos y no esperarlos.
Me percato que mucho de lo que le achacamos a la pandemia son problemas que ya existían antes de su aparición, tanto a nivel personal como colectivo: riesgos de salud, inequidades de ingresos económicos, sistema de gobierno ineficientes, gastos innecesarios a nivel personal, actividades innecesarias.
Trato de vivir en el presente, el único tiempo que existe. Lo que se acumula en el pasado son sucesos, y mi imaginación me invita a escaparme a un futuro o deseado o temido.
Así pude mirarme, descubrirme. Como redescubrí rincones de mi casa casi inexplorados.
¿El tiempo que utilizaba en viaje hacia el trabajo, lo aproveché para escuchar podcasts o audiolibros que me nutrieran?
¿Pinté o arreglé aquello que en casa siempre podía esperar?
¿Volví a jugar con mis hijos, escuchándolos, sabiendo que reciben en su colegio, compartiendo todas las comidas con toda la familia
¿Retomé contacto con algunos viejos compañeros de vida?
¿Identifiqué como importante para mi juntarme en un asado con amigos a hablar de anécdotas repetidas?
¿Experimenté alguna receta de cocina que jamás me había animado?
¿Pude sostener una rutina física nueva?

En el arcón imaginario donde guardo aquello que extraño, ¿aparecieron caricias, abrazos no dados por la distancia social?
¿Tuve la posibilidad de ayudar a alguien más afectado que yo en este contexto?
Si tuve la desgracia de enfermarme, ¿pude hacer luego algunos cambios en mi estilo de vida?
¿Descubrí que la vida tiene otro ritmo más pausado que el que venia imprimiéndole?
¿Pude experimentar que no tiene sentido esperar una fecha “importante” para decirle a alguien “te quiero”? Hoy puede ser ese día.
Si algunas de las preguntas anteriores tienen un sí como respuesta, estoy seguro que no fue un año de mierda. Todavía tenemos tiempo de incorporar cambios en nuestra vida. Hoy.
Si nos proponemos agradecer lo que tenemos, lo que logramos, aquello que aprendimos, podremos ver que la felicidad se nos acerca a acariciarnos. Que, si soltamos la vista en aquello que carecemos para abrazar y agradecer lo que sí poseemos, la calidad de vida mejora. Está solamente en nosotros iniciar este viraje para este nuevo viaje.
Que la alineación del tiempo que atiendo en el día con mis valores, con aquello que considero importante, sea cada vez más estrecha y frecuente. Que mi capacidad de asombro y curiosidad me sigan despertando la actitud de aprender constantemente.
La verdadera tragedia será que todo en mi vida vuelva a ser como era: que el 2021 sea igual al 2019. No quiero volver atrás, la vida siempre evoluciona, yo estoy en la vida, yo soy vida.
Que tengamos todos un 2021 de pleno aprendizaje, un viaje hermoso de crecimiento. Viajardelamano propone acompañarte.





ezequiel sily
suscribo cada linea de este articulo, y agrego que cada cambio realizado quede para siempre y la incorporacion de buenos habitos es fundamental para mejorar nuestro dia a dia. Recomiendo para vivir en agradecimiento todas las noches agradecer 3 o 4 cosas que nos regalo el dia , las escribo en un cuaderno para llevar a un plano conciente cada agradecimiento
Lucio Vega Iracelay
El ejercicio de agradecer es muy bueno. Reenfoca nuestra vida y nuestra mirada. Gracias por tus comentarios.